El blog de los profesionales del mundo editorial

Categoría Traductores

¿Qué opinan los traductores?

Martes 09 de Junio de 2009

En el marco de la Feria del Libro de Madrid que se celebra hasta el próximo domingo 14 de junio, en el Instituto Cervantes de Madrid se llevó a cabo el simposio Traducir Europa. Aprovechando el evento, el diario El País les pidió a los importantes traductores españoles María Teresa Gallego Urrutia, José Luis López Muñoz y Miguel Sáenz que en una breve charla expresaran algunas opiniones con respecto a ciertos aspectos de su oficio.

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(Imagen tomada del artículo “Los traductores levantan la voz”)

En su artículo “Los traductores levantan la voz” el diario El País recoge algunos de los puntos de vista que estos tres reconocidos profesionales expresaron con respecto al ejercicio de su oficio. A continuación citamos los que nos parecieron más importantes:

El 90% de los traductores tiene otro oficio, algo que les obliga a una doble jornada. La traducción literaria no es rentable. Lo bueno es que puedes elegir lo que traduces (Miguel Sáenz).

Hay estudios que demuestran que es ínfimo el coste de una traducción bien pagada en el precio general de un libro. O sea, no pagan mal para ahorrar, sino porque nos desprecian (María Teresa Gallego).

La actitud cambiará cuando los lectores protesten por la calidad de las traducciones. Aquí todo el mundo se queja pero nadie protesta (José Luis López Muñoz).

En estas tres intervenciones María Teresa Gallego Urrutia, José Luis López Muñoz y Miguel Sáenz se refieren a dos cuestiones críticas sobre las que hemos llamado la atención en varias ocasiones: en primer lugar, la valoración y el reconocimiento del trabajo del traductor; y, en segundo lugar, la calidad de las traducciones.

Nos parece clave que un medio generalista de la importancia de El País le dé visibilidad a uno de esos oficios fundamentales de la cadena de producción editorial con los que el lector final rara vez tiene la oportunidad de entrar en contacto. Esperamos que algún día no muy lejano les toque el turno a los diseñadores, correctores, ilustradores, comerciales y a todos los demás profesionales que participan en la cadena de valor del libro.

¿Prácticas poco correctas en la edición en Francia?

Martes 10 de Marzo de 2009

Leíamos el pasado 2 de marzo en La république des livres una entrada titulada Edition : de curieuses pratiques en la que Pierre Assouline llama la atención sobre la amonestación que acaba de emitir la Association des traducteurs littéraires de France contra la editorial Autrement debido a una comunicación que les envió recientemente a sus traductoresAssouline da cuenta de la situación en los siguientes términos:

El 24 de febrero la editorial Autrement dirigió una circular a sus traductores invitándoles de alguna manera a “hacerla parte de sus descubrimientos” para poder continuar publicando libros extranjeros: “corazonadas. Aquellas de los traductores y las nuestras”. En cierta manera a hacer en su lugar el trabajo de editor (lectura de la prensa literaria extranjera, contacto con los scouts, investigación en los catálogos de novedades en el extranjero, etc). Voluntariamente, por supuesto, está implícito en el mensaje aunque el editor Henry Dougier lo desmienta.

 

 

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No parece que estemos ante nada ilícito aunque sí frente a una práctica poco ética en la medida en que promueve la precariedad laboral entre unos profesionales a quienes, como bien lo señala Assouline, a menudo les debemos la aparición de un libro extranjero en nuestros países. Es cierto que el sector necesita profesionales proactivos pero también lo es que su esfuerzo merece un reconocimiento que en ocasiones se le niega —Assouline destaca que en su boletín de novedades Autrement ni siquiera se toma la molestia de citar el nombre de los traductores de los libros extranjeros que ha publicado—.

¿Estaremos frente a una de las prácticas del fenómeno de la “edición low cost” al que se referían el pasado 7 de marzo Manuel Gil y Francisco Javier Jiménez en su estupendo blog Paradigma Libro?

De la traducción y sus problemas

Jueves 13 de Noviembre de 2008


Encontramos en una edición reciente de la Revista Ñ, del diario El Clarín, un artículo titulado “Un ejercicio de lo imposible” que plantea una interesante reflexión sobre el oficio de la traducción. El artículo recoge distintas opiniones con respecto a la discusión clásica y fundamental acerca de lo que es una buena traducción:

‘Uno podría pensar que una buena traducción es aquella que uno la lee como si estuviera escrita en español, pero los mismos traductores dicen que no, que la traducción tiene que dejar que lo extranjero del texto resuene como extranjero en castellano. Tiene que tener esa sombra de distancia interior, lo cual es más complejo que escribir el original’. Jorge Panesi, director de la carrera de Letras de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

‘Aunque parezca una perogrullada, es necesario saber lo más cabalmente posible qué es lo que dice el original y encontrar la mejor manera de decir eso mismo en la propia lengua, respetando todo lo que se pueda las particularidades estilísticas del autor. Toda traducción es subsidiaria de un original y, a pesar de que pueda tener una vida independiente de él en el marco de la propia lengua, el traductor, en la instancia de traducir, debe considerar esa subalternidad para no caer en la mera paráfrasis’. Jorge Fondebrider, poeta y traductor.

Sin embargo, lo que más nos ha llamado la atención es lo relacionado con la idea de un “español neutro”, ‘esa rara utopía que busca unificar el núcleo duro del idioma español y borrar las huellas locales’.

Tomando como punto de partida la idea de que un “español neutro” es una utopía, tendríamos que preguntarnos cuál es el estándar lingüístico a utilizar en una traducción. Dice el artículo que ‘nos puede tocar una traducción española, argentina y ocasionalmente mexicana, y da la impresión de que siempre hay algún motivo solapado y hermético en la elección, que responde a un mismo tiempo a causas literarias y de mercado. Es evidente por lo pronto que el así llamado “estallido del mercado” condiciona ciertos aspectos de la traducción. El hecho de que Latinoamérica comparta en su mayoría un mismo idioma obliga a las editoriales a optar por un español específico’.

Quienes hayáis trabajado en los oficios relacionados con la edición de textos debéis saber que estamos frente a un tema peliagudo, como se ve al confrontar estas dos citas del artículo:

‘No hay lector [latinoamericano] que no haya experimentado alguna vez ese rechazo hacia una traducción llena de argot ibérico, hacia un libro plagado de “pitillos” y “gilipollas”‘.

‘Según el editor de Anagrama, Jorge Herralde, el desencanto ante ciertos localismos a veces es mutuo: “Recuerdo que cuando publicamos los primeros títulos de Bukowski, surgieron voces escandalizadas: «Qué es eso de la máquina de follar?». Pero hay que tener en cuenta que nosotros hemos tenido que deducir muchas veces que el saco y la pollera eran la chaqueta y la falda”.

Son muchas las preguntas que nos quedan abiertas: ¿bajo cuáles criterios se debe definir el estándar lingüístico a utilizar en una traducción? En caso de querer poner a circular un libro traducido en todo el ámbito hispanoamericano, ¿debemos hacer una traducción inicial y adaptarla a los matices de las distintas regiones geográficas para que la gente de cada una de ellas pueda leerla sin sentirse “excluida”? ¿O debemos defender la idea de que ‘la libre circulación de expresiones localistas en las traducciones literarias es buena en la medida en que evidencia la realidad de que los castellanos de todo el mundo son dialectos y que ninguno es La Lengua’?

Confrontar vuestras opiniones al respecto puede ser muy interesante sobre todo si tenemos en cuenta que Ediciona reúne a profesionales y empresas del sector editorial de los distintos países donde se habla castellano. ¿Os animáis a decirnos qué pensáis de todo esto?

Libros para el verano (II): selección de clásicos

Viernes 11 de Julio de 2008

Nuevas incorporaciones a las listas de libros recomendados para el verano. Ésta proviene de Babelia, donde José María Guelbenzu propone una lista de clásicos que han sido reeditados en 2008.

Casa desolada, de Charles Dickens. Editorial Valdemar. Madrid, 2008. Traducido por José Rafael Hernández Arias.

Almas muertas, de Nicolái Gógol. Alianza Editorial. Colección de Bolsillo. Madrid, 2008. Traducido por Augusto Vidal

Los trabajadores del mar, de Victor Hugo. Espasa. Traducido por Manuel Altolaguirre. // Los trabajadores del mar, de Victor Hugo. El Olivo Azul. Córdoba, 2008. Traducido por Eric Jalain.

Hijas y esposas, de Elizabeth Gaskell. Alba Editorial. Barcelona, 2008. Traducido por Damià Alou.

Vida y muerte de Harriet Frean, de May Sinclair. Alba Editorial. Barcelona, 2008. Traducido por Amado Diéguez.

Cuentos y relatos libertinos. Editorial Siruela. Madrid, 2008. Edición y prólogo de Mauro Armiño. Traducido por Mauro Armiño.

Teatro completo de Oscar Wilde. Editorial Valdemar. Madrid, 2008. Traducido y prologado por Mauro Armiño.

Girasol, de Gyula Krúdy. Editorial Espasa. Madrid, 2008. Traducido por ZsuZsanna Ruppl.

La figura del traductor (y III): comparativa internacional de tarifas

Miércoles 26 de Marzo de 2008

El tema de las tarifas de los traductores es peliagudo y, por lo que se deduce del informe Ser traduït o no ser, no sólo en España, sino en todas partes.

De este informe extraemos la tarifa media en diez países. El cálculo está hecho sobre la base de 150 páginas, de una traducción literaria sin complicaciones y en un idioma de traducción habitual como el inglés:

Bélgica ………………… 6712 euros
Holanda ………………. 6712 euros
Inglaterra …………… 4423 euros
Australia ……………… 3700 euros
Francia ……………….. entre 2925 y 3375 euros
Eslovenia …………….. 2100 euros
España ………………… 1800 euros
Macedonia …………… 1300 euros
Hungría ……………….. 1000 euros
Lituania ……………….. 945 euros

En España, las tarifas recomendadas por la ACEtt, la sección de traductores de la Asociación Colegial de Escritores de españa, son las siguientes:

Tarifas traducción España

¿Para cuándo una paridad de tarifas, al menos en Europa?

La figura de traductor (II): Alemania, China, Francia

Martes 25 de Marzo de 2008

Continuamos resumiendo y traduciendo lo que el informe Ser traduït o no ser, gestionado y elaborado por el Institut Ramon Llull y el Pen club de España, aporta sobre la figura del traductor en varios países.

Alemania:
Alemania es el país del mundo que más traducciones publica. Los alemanes son muy conscientes de que no existiría una comunidad literaria internacional sin traducciones, y que las traducciones al alemán han permitido incluso que algunos escritores de Europa del este hayan sido conocidos en el resto del mundo.
“Algunos de los mejores escritores de Alemania han heredado la tradición de producir traducciones de calidad y han asumido el reto de traducir obras de literatura, esencialmente de rescribir los libros de otros autores para presentarlos a un público más amplio,” ayudando, por otro lado, a configurar la imagen de la traducción. En Alemania, las traducciones literarias se consideran una forma de arte más que un trabajo mecánico.
[...] Actualmente, los editores y los traductores debaten sobre los desequilibrios que hay entre la formación que se exige a los traductores en Alemania y las compensaciones que reciben de las casas editoriales. La media de los traductores literarios no cobra lo suficiente para vivir de su actividad. Raramente percibe más de 15-20 euros brutos por página traducida, con una media de 100 páginas traducidas al mes.
[...] En un intento reciente de mejorar la situación de los traductores literarios, se ha interpuesto un pleito en nombre de los traductores contra los editores. Los traductores implicados en este litigio piden participar en los ingresos en concepto de ventas de los libros que se han traducido, alegando que tienen derecho a una participación independientemente de la edición del libro.
[...] Los traductores ya consiguieron una pequeña victoria cuando el tribunal de distrito de Munich decidió que, además del pago inicial por la traducción del libro, los traductores tienen derecho a un determinado porcentaje de los beneficios de las ventas a partir del primer ejemplar vendido. Este tanto por ciento va del 0,5 al 2 %.
Algunos editores criticaron esta decisión judicial, porque según ellos va en detrimento de la variedad del mercado alemán del libro. Según los editores alemanes, obligarles a pagar a los traductores un tanto por ciento de los beneficios reducirá los recursos que podrían dedicar a otros libros. En consecuencia, no podrán traducir o publicar otros libros que lo merecerían.
En conclusió, [...] la situación general de los traductores ha mejorado, y algunos editores han comenzado a incluir sus biografías en los catálogos y a poner su nombre en la cubierta del libro.”

China:
El clima de aceptación de la escritura literaria en China es más favorable desde el final de la Revolución Cultural (1970) y con la apertura al mundo del país a través de las reformas económicas. Sin embargo, pese al interés de las nuevas generaciones por la literatura occidental, hoy en día la traducción literaria ya no se considera tan prestigiosa como antes de la revolución.
Dos son las razones de esta pérdida de prestigio:
Por un lado, “la traducción se ha comercializado excesivamente. Se traducen muchos libros, pero no por su valor literario, sino porque son best-sellers en Occidente”.
Por otro lado, “los traductores y los editores no siempre tienen una buena competencia lingüística del chino y, en general, no tienen una formación tan sólida como los de antes de la Revolución. Trabajan más por razones comerciales que por el interés literario. Sin embargo, algunos traductores son muy profesionales y sus traducciones tienen una calidad literaria muy alta”. Esto hace que las traducciones al chino sean muy desiguales.
“Hay pocos escritores literaios o poetas de éxito que se dediquen también a la traducción literaria.”

Francia:
Casi una tercera parte de las obras literarias publicadas en Francia está traducida de una lengua extranjera.
“El traductor, tanto literario como técnico, tiene la consideración de autor, de profesional, cuyos derechos y deberes están garantizados por diversas asociaciones y sindicatos”, así como por el Code des usages de la traduction littéraire (Código de usos de la traducción literaria).
Según esta ley, el pago que percibe el traductor por su trabajo se considera un anticipo sobre los futuros derechos derechos de autor. Una forma de garantizar que el traductor cobrará un precio mínimo es negar al editor la subvención que concede el gobierno a la traducción si paga a aquél menos de 17 euros la página; darle el 50 % si los remunera entre 17 y 20 euros, y premiarle con el 60% del importe si paga más de 20 euros la página.
El propósito de dicho código, “que reconoce el trabajo del traductor como una profesión específica y autónoma, es mejorar su situación material y social y promover la calidad de la traducción de las obras extranjeras publicadas en Francia”.


La figura del traductor (I): Países Bajos, Argentina y España

Lunes 24 de Marzo de 2008

Ser traduït o no ser

Ser traduït o no ser (”ser traducido o no ser”) es un informe que analiza las políticas de traducción len el contexto internacional, gestionado y publicado en septiembre de 2007 por el Institut Ramon Llull, con la colaboraciób del Club Pen.

Encargado con motivo de la presencia catalana en la Feria de Frankfurt, el informe va más allá de la situación de la traducción en Catañuña, y profundiza, entre otros, en la hegemonía del inglés “como especie invasiva”, la aceptación de la literatura traducida en Europa y América y el estado de la traducción literaria en seis países. Sin embargo, sufre el mal endémico de los estudios hechos en Cataluña: procura hablar lo mínimo de la situación en el resto de España, sólo se refiere a lo inevitable, por lo que el informe queda cojo.

Nos ha llamado la atención cómo cambia la percepción de la figura del traductor según los países. Traducimos y resumimos los párrafos más significativos.

Países Bajos:
“La traducción literaia no se considera ni un arte ni un trabajo, sino una competencia altamente valorada y una profesión. Muchos traductores literarios pueden vivir de su trabajo, a pesar de que los ingresos no son elevados [...] El trabajo del traductor liteario no siempre es comentado en las reseñas de ficción traducida, a no ser que sea con connotaciones negativas.”
“Existen ayudas a los traductores que traducen obras literarias al holandés: pueden solicitar subvenciones para la traducción y los viajes. La cantidad media de las subvenciones a la traducción es de unos 2500 euros por cada 30.000 palabras, en función de la calidad de la traducción y la calidad de la obra original. Las subvenciones completan la tarifa que paga el editor, que es la estándar de 0,059 euros por palabra.
En cuanto al perfil del traductor, en los años 60 y 70, era habitual que las traducciones literarias las firmasen escritores de renombre; actualmente, esta situación ha cambiado de forma drástica, aunque menos en el campo de la poesía.

Argentina:
A pesar de que “Argentina cuenta con una lista importante de autores que en algún momento de su carrera se han dedicado a la traducción” (Borges, Victoria Ocampo, César Aira, Marcelo Cohen, Esther Crosss, etc.) y que “está claro que nadie considera la traducción una actividad mecánica [...], los traductores cumplen al pie de la letra la misión de volverse invisibles, de no existir y de no estorbar. Rara vez son mencionados en los títulos de crédito (nunca en la cubierta), y hay pocas reseñas bibliográficas en las que, como mínimo, se haga constar su nombre. Y ni hablar de que los críticos incluyan en los textos una evaluación o comentario sobre la calidad de la traducción.
La situación se agrava si se analizan las condiciones de trabajo. En general, los traductores están muy mal remunerados, no firman contratos con sus editores y, de hacerlo, han de aceptar condiciones tan duras como la cesión de sus derechos de autor. [...]
En Argentina no existe un gremio o una asociación que puedab luchar por estos derechos, lo que hace difícil que esta situación cambie en los próximos años.”

Cataluña (y, por extensión, España):
“Conviven dos maneras de ejercer de traductor. Algunas traducciones son consideradas mecánicas, y otras son equiparadas al trabajo creativo y contempladas como tal por el público en general. Tradicionalmente, Cataluña ha contado con buenos traductores literarios, mayoritariamente escritores y profesores universitarios.” (Y España también.)
“Desde los años 1980-1990, con la aparición de los estudios universitarios de traducción, muchos licenciados con formación teórica se han incorporado al mundo de la traducción. La traducción se ha ido profesionalizando, y eso ha implicado una normalización en este campo, aunque aún no existe un colegio profesional de traductores, y las pocas asociaciones existentes todavía no están muy consolidadas. Con la aparición de la Ley de Propiedad Intelectual de 1987, los derechos del traductor quedan fijados, y las editoriales acostumbran a respetar, con más o menos rigurosidad, los contratos que establecen con los traductores.
Normalmente, el traductor aparece en los títulos de crédito y, en el caso de autores reconocidos, también pueden aparecer en la cubierta. Las reseñas de los medios de comunicación suelen mencionar las traducciones, sobre todo si se trata de una obra canónica de la literatura universal o si el autor es conocido. A menudo, estas reseñas nombran, en la ficha adjunta del libro, el nombre del traductor, pero se hacen escaso eco de la calidad de la traducción. Esta situación se entiende por los traductores como un rasgo del poco reconocimiento hacia su labor.”