El blog de los profesionales del mundo editorial

Categoría Reflexiones

Originalidad vs. contenido redundante en la Web

Lunes 12 de Mayo de 2008

Journalistopia por Danny Sanchez

Vía el excelente blog Publishing 2.0 de Scott Scarp y Robert Young traemos a colación un tema de aplicación cada vez más importante: la generación de contenidos originales en la web. Tomando como ejemplo la cobertura online de un hecho noticioso como la declinación de Microsoft a comprar acciones de Yahoo, Scarp nos lleva a conclusiones simples pero vitales que merecen la pena ser difundidas en castellano.

La tarea de publicar múltiples versiones de una misma historia sólo tendría sentido si cada sitio web fuese una isla. En un entorno lleno de agregadores e hipervínculos como el de Internet, tal cantidad de noticias repetidas son económicamente obsoletas. ¿Por qué? He aquí una lección de economía básica aplicada a la web:

“Si escojo escribir sobre la misma historia, podría reducir el valor económico de cada versión de la historia. ¿Por qué? Porque un cero se suma al juego de atención en la noticia. Aún los especialistas en tecnología leerán un número finito de noticias. Si coloco mi versión en la mezcla, por cada vez que mi historia se lee, la de algún otro no es leída. Por lo tanto, cada versión de la historia reduce el valor económico de todas las demás.”

Bajo esa perspectiva, ¿tiene sentido publicar el contenido que todos dan a conocer? Que el valor de una historia crece en la medida de lo original que esta sea, no es ninguna novedad. Sí lo es y seguirán siéndolo, las mutables formas de presentar contenidos en la web: linkar en lugar de repetir, participar en vez de pontificar.

En resumidas cuentas, quizá sea más importante la actitud al escribir para la web: sentir particular desapego por las fórmulas eternas y constante curiosidad por experimentar vías nuevas. Para los románticos del periodismo en cualquiera de sus entornos, esto equivaldría a no contribuir a la comodidad de la reproducción en serie y a aplicar con urgencia el único elemento invariable en cualquier fórmula: pensar.

La ilustración es de Danny Sánchez y el texto que la acompaña dice: “Enviado a través del tiempo por Googlezon, el T-1000 se acerca silenciosamente al editor del periódico belga.”

Gutenberg tras la red

Miércoles 23 de Enero de 2008

La librería Fnac Triangle, de Barcelona, organiza esta semana un ciclo de mesas redondas sobre la transformación digital de la esfera del libro y del sector editorial.

Nos perdimos la primera, en la que Juan Freire, Luis Collado y Chema García debatieron sobre “el nuevo escenario que impone la web 2.0, así como algunos de los nuevos formatos, herramientas y paradigmas en juego”. Pero ayer pudimos asistir a la segunda mesa redonda, sobre “los retos que supone la digitalización del mundo de la cultura para el sector editorial”, moderado por Pablo Odell (revista Tökland).

Las mesas redondas me producen casi siempre la misma sensación de decepción, es inevitable: por una parte, porque intentan tratar en una hora cuestiones que llevarían horas de discusión; y por otra, porque, a menudo, lo que debería ser un debate entre los participantes acaba siendo una sucesión de monólogos seguida una conversación a dos bandas con el miembro del público que formula una pregunta.

La de ayer no fue una excepción, y no por culpa de los ponentes, ni del moderador, sino porque el tiempo previsto apenas dio para que se planteasen en términos generales todos los aspectos que implica la digitalización para el sector editorial.

Javier Celaya, consultor y editor de DosDoce, defendió todas las ventajas del formato digital, instó a los editores a subirse al tren de las nuevas tendencias y apeló a la necesidad de buscar nuevos modelos de negocio.

Santos Palazzi, director de Mass Market de Planeta, aportó la visión de los grandes grupos, que entienden las ventajas de la publicación digital, pero que necesitan “monetizar” su aplicación para desarrollarla.

Luis Solano (Libros del Asteroide) y Enrique Redel (Impedimenta) siguieron una línea más proteccionista y menos optimista con lo que para Celaya es una muy próxima implantación de la digitalización. Redel se planteó el papel del editor en el futuro, y Solano se reafirmó en que dicha implantación será lenta y progresiva.

Una de las ideas/realidades planteadas más interesantes fue la creciente importancia del lector en la promoción de los libros e, incluso, en la contratación de ciertos autores. La existencia de foros sobre libros y literatura multiplica la velocidad y la dimensión del boca-oreja, fenómeno al que, según Celaya, los editores deberían estar más atentos.

Los editores de Tökland han tenido la gentileza de colgar un video resumen del evento en su página y en You Tube. Gracias a ellos podemos ofreceros las aportaciones más interesantes de los ponentes.

¿Cómo afrontarán los editores el futuro del libro?

Lunes 07 de Enero de 2008

Edición 2.0. Los futuros del libro

Al hilo de unos comentarios sobre Edición 2.0. Los futuros del libro, un texto de Joaquín Rodríguez que la editorial Melusina ofrece a sus lectores en forma de descarga gratuita, el autor del blog Bajarse al Bit formula las siguientes reflexiones acerca de cómo capearán los editores la creciente irrupción del libro digital en nuestros usos lectores.

«La crisis es un cambio de canal que obligará a redefinir cuotas y márgenes, y eso es lo que asusta, pero como apuntan algunos editores hay posibilidades de reconversión que garantizan la viabilidad del sector:

a) Cambios en la distribución de las ganancias, siendo el autor el más beneficiado gracias a la eliminación de intermediarios. Para que luego se rasguen las vestiduras compositores e intérpretes

b) El editor adoptará un papel de selección de textos con valor añadido en un mercado saturado de novedades. Esta es la única alternativa que les queda a los pequeños libreros: convertir sus locales en tiendas online donde llevar a cabo su labor de intermediación/venta sobre géneros y temas superespecializados. No será fácil.

c) La publicación dejará de ser una actividad ligada a las editoriales, puesto que no hará falta convertir el texto en objeto de papel. El autor entregará su obra en formato electrónico y si acaso el editor le añadirá enlaces de valor añadido. Este proceso no tiene por qué quebrar la sagrada integridad del texto que posee la literatura en papel; así que nada de intercalar enlaces ni convertir la obra en un hipertexto.

d) Como todo mercado que se digitaliza, habrá que trabajar con microaudiencias, segmentando al máximo géneros y productos. Los medios de comunicación serán los encargados y los responsables de dar a conocer los “libros transversales”, que se convertirán –igual de las series, las películas, las canciones y los programas de éxito– en el auténtico pegamento cohesionador en una sociedad que avanza sin parar hacia el marketing individual y que amenaza la existencia misma de un espacio público en el que encontrar elementos comunes para debatir. No se me va de la cabeza esta advertencia de Dominique Wolton y no me cansaré de predicarla porque estoy convencido de su absoluta verdad.»

Vía Bajarse al bit
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Sobre dos colecciones de Tusquets editores

Miércoles 02 de Enero de 2008

Tusquets editores_logo Tusquets editores_mosca

Observando en una estantería los libros de John Irving, un autor fascinante, se observa una «curiosidad editorial».

Tusquets Editores, la editorial barcelonesa que tiene la exclusiva de este autor, distribuye los títulos de éste en dos colecciones: Andanzas y Fábula.

Según la web de la editorial, Andanzas, con 752 títulos, es «Para quienes aman leer sin perder el tiempo [...] Ofrece ante todo buenas novelas de autores de ayer y de hoy, conocidos y consagrados o absolutamente desconocidos. Son libros gratos y gratificantes no sólo en el acto de la lectura, sino también en el recuerdo, en la memoria. “Un libro es una prolongada nota biográfica”, afirma Paul Theroux . . .». En cuanto a la colección Fábula, se compone de 282 títulos, «los mejores títulos de nuestro fondo editorial, con algunas incorporaciones de otros catálogos, en formato de bolsillo y a precio de fábula».

Hasta aquí todo correcto. La curiosidad se observa al comparar las ediciones del mismo título en cada una de las colecciones, por ejemplo El mundo según Garp.

En la colección Fábula está encuadernado en rústica sin solapas y mide 194 mm x 122 mm. Tiene 512 páginas, unos márgenes casi inexistentes, un interlineado al límite y una letra medida “mi reino por una lupa”. Normal, es el equivalente a la edición de bolsillo.

Pero resulta que el mismo título, en la colección Andanzas, es sólo un centímetro y medio más ancho y más alto, tiene sólo ocho páginas más (520), los márgenes siguen siendo escasos, el interlineado sigue desmotivando y el cuerpo de la letra, si no pide lupa, pide unas gafas. Eso sí, tiene solapas, el cartón de la cubierta es más grueso y vale algo más del doble. Y parece una enorme colección de bolsillo.

¿Dónde está lógica?

Propósitos (lectores) para 2008

Martes 01 de Enero de 2008

1. Leer más.
2. Releer más. Hay libros que merecen ser leídos más de una vez.
3. Ordenar la biblioteca.
4. Poner en eBay los malos libros (siempre hay un roto para un descosido).
5. Abandonar la lectura si en la página 50 ya se ve que el libro no cumple las expectativas ni las cumplirá, es malo o aburrido. El tiempo de lectura es valiosísimo, y hay que aprovecharlo al máximo.
6. Ejercer el derecho de queja si el libro está mal traducido o mal editado. Los blogs son muy útiles para este propósito.
7. No comprar libros sin antes haber ojeado las primeras páginas. Evita llevar a cabo los propósitos 5 y 6.
8. Regalar los libros que me gustan (no necesariamente mi ejemplar).
9. Comprar más ediciones de bolsillo y digitales. Son más baratos y ocupan menos espacio.
10. Ver menos tele y leer más.

Qué no hacer jamás con un libro

Jueves 20 de Diciembre de 2007

La niña que odiaba a los libros

Fundada en 1875, Library Journal es la revista más antigua y respetada en EEUU sobre el mundo de las bibliotecas. En 1909 publicó un curioso artículo firmado por Harold Klett titulado “Don’t”, en el que se enumeraban 30 acciones que no había que hacer con los libros.

Muchas de ellas han quedado obsoletas, sobre todo las relativas a la encuadernación y cortado manual de las páginas, así que copiamos aquéllas que siguen vigentes.

La mayoría son verdades como puños, otras se podrían discutir.

1. No leer en la cama (muy discutible).
2. No escribir notas al margen, a menos que se trate de un Coleridge (también discutible).
3. No doblar las puntas de las hojas.
4. No garabatear vuestro interesante y precioso autógrafo en la página del título.
5. No chuparse la yema del dedo para pasar de página.
6. No leer comiendo.
7. No dejar caer la ceniza del cigarro sobre el libro, y mejor aún, no fumar leyendo, perjudica la vista.
8. No arrancar de los libros los grabados antiguos.
9. No colocar los libros abiertos boca abajo, como suele hacerse cuando se interrumpe momentaneamente la lectura, en vez de cerrar el libro después de haber puesto una señal.
10. No secar hojas de plantas dentro de los libros.
11. No sujetar los libros por una de las tapas.
12. No estornudar sobre las páginas.
13. No comprar libros sin valor.
14. No limpiar los libros con trapos sucios.
15. No tener los libros encerrados en escritorios, cómodas o armarios: necesitan aire.
16. No arrancar los mapas ni las láminas de los libros.
17. No usar los libros para afianzar las patas de las sillas y las mesas cojas.
18. No arrojar los libros a los gatos ni a los niños.
19. No forzar los libros abriéndolos totalmente.
20. No dejar que los libros se humedezcan.
21. No olvidar estos consejos.

¿Es normal, o es que nos hemos acostumbrado?

Jueves 13 de Diciembre de 2007

Dos noticias aparecidas hoy el el periódico digital ADN:

Papeles de Harold Pinter

1) “El dramaturgo británico Harold Pinter, ganador del Premio Nobel de Literatura en 2005, ha vendido su archivo, compuesto por manuscritos y recuerdos, a la Biblioteca Británica por 1,1 millones de libras (unos 1,5 millones de euros).” [...] “Entre otras cosas hay cartas del escritor irlandés Samuel Beckett, un intercambio de correspondencia con el poeta Philip Larkin y el borrador de sus memorias de juventud no publicadas The Queen Of All The Fairies (La reina de todas las hadas).” (ver artículo completo)

La razón de la Biblioteca para semejante desembolso: “La venta de su archivo impedirá que la colección pueda ser vendida al extranjero.”

Beedle The Bard, de JK Rowling

2) “Los cuentos de Beedle el bardo, un libro de cuentos de hadas escrito e ilustrado por JK Rowling acaba de convertirse en la obra infantil más cara vendida jamás en una subasta: la autora británica, segunda fortuna de Inglaterra y una de las personas más ricas del mundo, se adjudicó por la mágica suma de 4 millones de dólares. ” [...] “La obra es un conjunto de cuentos de hadas que nunca llegará a las librerías y que hoy alcanzó un valor treinta y nueve veces superior a las previsiones más optimistas de la casa Sotheby’s de Londres, donde se subastó con fines benéficos. Sólo existen siete ejemplares de The Tales of Beedle the Bard.” (ver artículo completo)

Quizá sea normal, pero no logro acostumbrarme.

Francisco Umbral (II): Qué es un libro

Sábado 24 de Noviembre de 2007

Mortal y rosa Umbral e hijo

Sigo con Mortal y rosa, y la reflexión de Francisco Umbral sobre el libro me gusta demasiado para no copiarla.

«En la noche, cuando el mundo se reduce a la redondez de una lámpara, y todo el resto del mundo es incógnito, extenso en círculos de sombra y nada, de astros y fábricas, abro un libro y quedo ahí, preso en la luz, leyendo ¿Qué hago con un libro en la mano? ¿Qué es un libro? Un objeto rectangular, una caja practicable, una sucesión de signos monótonamente ordenados. El libro es solo el pentagrama del aria que ha de cantar el lector. En el libro no hay nada. Todo lo pongo yo. Leer es crear. Lo activo, lo creativo, es leer, no escribir. De esos signos, de esa tipografía hormigueante y seca, mi imaginación levanta un mundo, un bosque, una idea, y continuamente salen volando pájaros de entre las páginas del libro. La noche es un mal músico que afina y desafina su instrumento, mi hijo duerme cerca, respirando un aire suyo, un mundo suyo, duerme como en el vientre de la ballena de la noche, devorado y resguardado, esperando a ser devuelto por la boca, intacto, a los mares fríos de la mañana. Yo leo. Abro el libro y mundos dóciles vienen a mis ojos, un hombre, el pensador, el prosista, empieza a trabajar para mí, ordena su telar, hace su lino de ideas, de palabras. El espectáculo de su laboriosidad está siempre detrás de lo que hace. Me es ya muy difícil leer sin estar viendo constantemente al obrero que pone ladrillos estilísticos ante mí. Así como cuando escribo desaparezco, cuando leo me es nítidamente evidente el que escribió, el que escribe.

Quizá la literatura sea eso. Desaparecer en la escritura y reaparecer, gloriosamente, al ser leído. Por eso no hay que hacer demasiado evidente el esfuerzo del pensamiento al escribir. Para no entorpecer la resurrección de la carne que glorifica al autor cuando es leído. Toda lectura tiene, por lo menos, este doble fondo. Hay una superficie de prosa, de ideas, y debajo, como una figura inmovilizada dentro del hielo, está el autor.

Lo apasionante, quizá, de la lectura, no es lo que se lee, sino la posibilidad de asistir al espectáculo único de un hombre trabajando, creando con palabras su cesto de mimbres bien trabados, moviendo su linterna, haciéndose una luz que se le oscurece por un lado cuando la ensancha por otro. La gente se para a ver a los obreros que trabajan en la calle. El lector también tiene algo de mirón. Me he parado a ver trabajar a un hombre. Esta abriendo una zanja de ideas, está levantando una tapia de palabras. A medida que somos más escépticos sobre lo que leemos, se nos transparenta más el faenar del autor, vemos más al hombre.

Ya no creemos en las abstracciones. Las ideas pierden rigor, las palabras pierden color, y esta transparencia o debilitación de la prosa nos permite contemplar detrás al que trabaja. Importa ?y es lo más moral de un libro?, el espectáculo de hombre trabajador, su ejemplo de laboriosidad, su ir y venir por el taller de las palabras, importan sus caídas, sus olvidos, sus vueltas atrás, sus levitaciones. Hay un hombre que ha querido hacerse su verdad y comunicárnosla. Hay un hombre que necesita afirmarse modificando el mundo, que necesita explicarse el mundo para explicarse a sí mismo. Hay un hombre que vive y muere en su libro, náufrago en el propio mar que él ha creado.

¿Por qué se escribe un libro? Por vanidad, por inseguridad, por satisfacción, por pasión ciega y creadora, por amor a la verdad, que siempre es la verdad de uno. Por amor a la belleza, que también ?ay? es siempre la de uno, la que uno puede ver. Es apasionante un hombre haciendo cualquier cosa: un libro o un tonel, una tuerca o un surco.

A cierta edad, se fatiga el lector y le sustituye un mirón que llevamos dentro y que, más que nada, lo que quiere es ver trabajar”

Mortal y rosa, Francisco Umbral. Madrid, 1975. Booket (Planeta). Prólogo de José Manuel Caballero Bonald. Páginas 88-90.

Francisco Umbral: Escribir es esto

Viernes 23 de Noviembre de 2007

Mortal y rosa Francisco Umbral

Leyendo Mortal y rosa, la mejor obra (dicen) de Francisco Umbral, escrita tras la muerte de su hijo, llego a estas líneas sobre el escritor y la escritura, y no puedo resistir la tentación de copiarlas aquí.

«Y escribo, cada mañana, me siento a la máquina, dejo que fluidos oscuros, luminosidades de la noche asciendan a mí, y todo el torrente del idioma pasa a través de algo, de alguien, porque escribir es una cosa pasiva, receptiva, contra lo que se cree, así como leer es algo activo, creativo, voluntarista.

Sólo una cuestión de trance. Dicen los modernos lingüistas que no hablamos una lengua, sino que la lengua habla a través de nosotros. Es el río del idioma lo que se pone en movimiento cuando me siento a la máquina. El mundo se expresa a través de mí. Sólo somos dueños de aquellas sensaciones que no tratamos de racionalizar. Que el curso de las cosas me lleve, que la lengua universal hable por mí. Puedo tratar de dominarla, de ordenarla, de modificarla Y entonces habré construido algo, habré trabajado, habré disecado el mundo y la palabra. Hay que hacerse transparente ?la transparencia, Dios, la transparencia, pedía el poeta? para que el mundo pase a través de uno configurando como discurso. Los surrealistas, intentando la escritura automática, no hicieron sino exasperar la única escritura posible. La inspiración. Pues claro que existe inspiración. Sólo que no es algo externo, ese rayo de luz que baja del cielo en los cuadros místicos, esa ninfa de luna que revolotea en torno de los poetas profanos. La inspiración es la comunicatividad, la transparencia, el acertar a desaparecer entre la escritura y el mundo. Hay días en que se levanta uno transparente, y entonces conviene aprovecharlos para escribir.

Si no hay transparencia no hay escritura. Puede haber un trabajo de amanuense, pero nada más. El hombre, el escritor, tiene que elegirse transparente o pendolista. Casi todos optan por el pendolista, porque tienen voluntad de poder y porque les parece más lucido. Escribir es una prestidigitación en cuanto que consiste en desaparecerse, como los ilusionistas del cabaret. Hay días en que el ilusionista no está en forma, se encuentra opaco, se queda en el sitio. El escritor tiene que dejar pasar la luz del mundo sobre la cuartilla, el sol sobre la escritura. Casi todos los escritores estorban a su obra, están delante de ella, echan su sombra de sombrones encima de la prosa.

La prosa es prosa porque tiene sombra, la sombra del tío que está encima. Si no tiene sombras es poesía. El que luego le reconozcan a uno por lo que escribe es otra cosa, entra ya en la mera profesionalidad, en la anécdota cultural. ¿Y el estilo? El estilo es la modulación que toma el lenguaje al pasar por nosotros, como la curva que adopta el agua en una jarra. Sobre todo, no echar sombra. Si no se encuentra usted transparente, no escriba. Váyase a la compra y hágale los recados a su esposa. El mundo se hace lenguaje en ti, en mí. Peor que echar borrones es echar sombras. El mundo se describe a si mismo, como vemos funcionar a los teletipos. No hay más que pasar de vez en cuando y arrancar la hoja.

Escribo por el placer de desaparecer. Es mi forma de transparencia. Todos hemos querido ser invisibles alguna vez. El éxtasis, la levitación. El mundo y la escritura se intercambian reflejos, luces, y yo estoy en medio, entre dos fuegos, desaparecido, sin peso. Un adelgazamiento súbito. Qué insoportables, luego, mis setenta u ochenta kilos.

Mortal y rosa, Francisco Umbral. Madrid, 1975. Prólogo de José Manuel Caballero Bonald. Booket (Planeta). Pags. 85-87