El blog de los profesionales del mundo editorial

Categoría Ortografía, gramática y tipografía

Estrenamos Wikilengua del español

Jueves 10 de Enero de 2008

Wikilengua del español_logo

Por fin Wikilengua ha hecho su aparición, que esperábamos con mucha curiosidad.

De momento, hemos logrado registrarnos, que ya es mucho viendo la sobrecarga que lleva este nuevo portal de la lengua española. Esto significa que, de momento, navegar por esta nueva web es lento y cansino, cuando no infructuoso.

Así que nos guardaremos nuestra opinión para dentro de unos días, cuando la expectación haya decaído y podamos explorarla a fondo y a gusto.

Como avance, la definición que hace de sí misma Wikilengua: es realmente prometedora.

“La Wikilengua es:

  • un punto de encuentro de correctores, periodistas, lingüistas, etc., para compartir las soluciones que se han encontrado a problemas concretos;
  • una guía de estilo que ayude en los detalles de la aplicación de las normas;
  • un medio para avisar sobre los errores que los propios miembros encuentren con frecuencia en la corrección o la traducción, los medios de comunicación, los textos escritos en general…

Pero no es:

  • una obra de referencia, como un diccionario, un conjugador de verbos, etc.;
  • un sitio donde se puede hacer preguntas y se contestan en breve;
  • una obra normativa;
  • una bitácora de opinión; más bien al contrario, su propósito es la objetividad, mediante la puesta en común de diferentes puntos de vista;
  • un foro de debate, donde los mensajes se suceden sin llegar a dar información de forma coherente y organizada;
  • una referencia de lingüística o filología teórica. “

Una lástima de Lección de música

Miércoles 12 de Diciembre de 2007

La lección de música

Acabo de terminar La lección de música, de Pascal Quignard.

Son tres “pequeños tratados” (palabras del autor) que tienen como eje vertebrador el duro camino del aprendizaje de la música. El primero es el más famoso, pues dio origen a la película Todas las mañanas del mundo, y discurre sobre la metamorfois de la voz masculina durante la adolescencia, de “la muda”. El segundo pasa de la Francia barroca a la Grecia de Aristóteles, donde el filósofo se pregunta sobre el misterio de la voz. El tercero transcurre en China, y es un maravillosos relato sobre la sensibilidad de los músicos con un curioso final que enlaza al protagonista con el maestro Stradivari.

El texto es magnífico, de esos que uno quisiera leer en versión original, a pesar de que la editorial Funambulista retoma la excelente traducción que Ascensión Cuesta (premio Stendhal de traducción 2006) hizo en 1988 para la edición de Versal. Pero…

Pero quienquiera que lo haya editado lo ha destrozado, tipográficamente hablando. Hay puntos desaparecidos, en los que el cambio de frase se adivina por la repentina aparición de una mayúscula; finales y principios de línea en los que llega a haber hasta tres repeticiones de palabras, palabras enteras; los simbolillos que separan los párrafos cambian de forma arbitraria… Una lástima.

Es un libro de reducidas dimensiones, de escasas 120 páginas, de enormes blancos entre párrafos. Es un libro fácil de editar, a pesar de que la tendencia del autor a reforzar la imágenes mediante repeticiones dificulta la labor del maquetador.

Una lástima.

Leer tiene premio

Sábado 08 de Diciembre de 2007

Leer tiene premio

«Acércate, no tengas miedo, leer tiene premio».

Con este mensaje se invita al navegante a detenerse en esta página de fomento (¿?) de la lectura ?www.leertienepremio.com/?, auspiciada por Cedro, la Federación de Gremios de Editores de España, SOL (Servicio de Orientación a la lectura) y Plan de Fomento de la lectura.

No entiendo nada, pero la curiosidad me puede. Pico y entro en el juego, porque la cosa va de jugar, al modo gincana.

El primer juego me da opción a ganar una alfombra para el ratón. Son cinco preguntillas sobre autores y libros de nivel de bachillerato. Prueba superada. Relleno un formulario y entro en el sorteo.

La pantalla queda en blanco. Supongo que hay más juegos, porque me han prometido que si llego al final entro en el sorteo de un viaje a Londres. Suerte que recuerdo la url de la web y puedo volver a empezar.

Repito el proceso y entro en la segunda prueba. Con ésta puedo ganar una cámara fotográfica. Sorpresa, no más preguntas, hay que encontrar el logo de Cedro dentro de unas fotos horribles de ¿pescadores? ¿piratas? A saber. A lo mejor se trata de imágenes literarias y no me enterado. También supero la prueba. He de volver a rellenar otra vez el formulario para poder optar al sorteo. ¿Es que esta gente no oyó hablar de las cookies?

Vuelve aparecer la pantalla en blanco. De nuevo accedo al concurso a través de la url. La verdad es que fácil no lo ponen. Como anteriormente, repito todo el proceso para llegar a la tercera prueba. Esta vez me prometen un ordenador portátil. Supongo que me harán preguntas de nivel, que querrán premiar que soy rata de biblioteca.

Pues no, se trata de completar el juego de los errores ¡en tres pantallas! Y cuando me equivoco en la tercera pantalla, me mandan de nuevo a la primera. Así cuatro veces. Desesperante.

Como ya tengo ordenador, paso de la prueba y me voy directamente a la cuarta. Ahora ya estoy segura de que no me van a premiar por leer, sino por las habilidades que adquirí jugando a los marcianitos. Dos acentos desaparecidos en la explicaciones me hacen sospechar que quizá se trata de una broma pesada de los de Cedro y me dejan claro que la ortografía no tiene premio. Pero Londres bien vale cinco minutos.

Leer tiene premio_2

Soy un naufrago, y he de machacar a remazos a siete tiburones. Los golpeo sin problemas en menos de un minuto. Luego llego a una isla desierta, reparo un satélite estrellado (un puzzle de cuatro piezas nivel preescolar), le doy a botón rojo y aparece un helicóptero. Agarrar la cuerda que me tiende me cuesta un poco más, pero al final lo logro.

Fin del juego. Si quiero entrar en el sorteo tendré que volver a registrarme (¡esas cookies!).

Conclusión: me escuecen los ojos, no creo haber ganado ningún premio y se me han quitado las ganas de leer.

La ortografía no muerde

Lunes 05 de Noviembre de 2007

Con este título se inauguraba un curioso blog, Ortomanía, que dejó de publicarse en mayo de 2006. Una lástima.

“El «fascismo del lenguaje» nos obliga a ordenar linealmente nuestro pensamiento al enunciarlo. Lo que dentro de nuestra cabeza es una red llena de enlaces, se convierte en una sucesión de sonidos, gestos y silencios llenos de implicaturas. Ahora bien, si esta sucesión tiene interferencias, no somos capaces de interpretar el mensaje.
En el lenguaje escrito —aunque tiene características muy diferentes—, sucede lo mismo: si no somos capaces de representar con propiedad todos los sonidos, gestos y silencios, no seremos capaces de comunicarnos con efectividad.
Pero en realidad esto no es lo más importante. La ortografía es una cuestión de lógica, de sensatez, que refleja la claridad mental del que escribe.
Hoy, cuando el lenguaje escrito vive un renacimiento debido a las nuevas tecnologías, debemos conocer las herramientas que nos permiten llegar con exactitud a todos los que nos leen.”

El autor (???) sólo escribió nueve post relativos íntegramente a los signos ortográficos, como el dedica do a LA RAYA:

“La raya (—) comparte con el punto y coma (;) el dudoso honor de ser uno de los signos ortográficos más olvidados. Casi no aparecen en la escritura digital cotidiana. Esto se explica, a mi modo de ver, porque: (a) no aparece en el «primer nivel» del teclado, (b) se le confunde con el guión (-) que sí aparece y (c) porque no queda clara su función frente a otros signos.
Respecto al primer inconveniente, ya vimos que basta con escribir el número 1051 mientras mantenemos pulsada la tecla «alt». Las funciones más importantes de la raya son introducir las participaciones en un diálogo y «acotar oraciones incidentales» (Sousa, 2003). Ahora bien, en este último uso ¿qué criterio usamos para distinguirlo del paréntesis y las comas? En general podemos decir que la raya ocupa un lugar intermedio de acotación entre el menos fuerte, las comas, y el más abrupto, el paréntesis. Es decir, graficamente podíamos establecer la jerarquía de las acotaciones así: ,—()—, primero las comas, para las interrupciones menos marcadas; después la raya y, por último, el paréntesis para las más fuertes.
La condición previa —aceptar la tregua— no fue aceptada. Comparemos con La condición previa, aceptar la tregua, no fue aceptada o La condición previa (aceptar la tregua) no fue aceptada.
En cualquier caso, conviene no confundir la raya (—) con el guión (-) cuya función más conocida es la de separar las sílabas de una palabra al final de una línea en un párrafo.”

Una buena idea que sería interesante retomar, quizá desde aquí.

Una editorial de confianza (o El buen uso de las cursivas)

Domingo 04 de Noviembre de 2007

ovejas-glennkill.jpg

«—Ayer estaba sano —dijo Maude. Sus orejas se movían nerviosamente.
»—Eso no significa nada —repuso Sir Ritchfield, el carnero más viejo del rebaño—, ya que no ha muerto de enfermedad. Las palas no son ninguna enfermedad.»

Así, con una evidente falta tipográfica, comienza Las ovejas de Glennkill, la novela de Leonie Swann. Y es que tradicionalmente los nombres de los animales se escriben en cursiva. Encontramos constancia de ello en el Libro de Estilo de El País y en la web de Fundéu (Fundación Español Urgente), por dar un par de referencias.

Salamandra es una magnífica editorial, no sólo por los títulos que componen sus colecciones, sino por el cuidado que ponen en la edición de los libros. Una rara avis en el panorama español, donde cada vez hay más fabricantes de libros y menos editores. Por ello imaginamos que la falta no es tal cosa, sino una fórmula para evitar que las cursivas tomen las páginas como un rebaño un prado, ya que las protagonistas de la novela son las ovejas, tantas que empieza un Dramatis «Oves», al modo de las novelas de Agatha Christie, a quien se rinde un pequeño homenaje en el personaje de Miss Maple («la [oveja] más lista del rebaño, tal vez la más lista de Glennkill y posiblemente incluso la más lista del mundo. Curiosa y terca, a veces se siente responsable»).

Sin embargo, no es intención de este post hablar sobre esta ingeniosa novela, sino sobre el buen hacer de ciertas firmas editoriales, que libro a libro fundamentan la confianza del lector hasta el punto de lograr que éste dé por supuesto que los defectos no son tales, sino pequeñas tretas para facilitar la lectura.

Por cierto, magnífica traducción del alemán la realizada por María José Díez y Diego Friera, y, como cabía esperar de la editorial Salamandra, una intachable edición.