El blog de los profesionales del mundo editorial

Categoría Críticas

Una lástima de Lección de música

Miércoles 12 de Diciembre de 2007

La lección de música

Acabo de terminar La lección de música, de Pascal Quignard.

Son tres “pequeños tratados” (palabras del autor) que tienen como eje vertebrador el duro camino del aprendizaje de la música. El primero es el más famoso, pues dio origen a la película Todas las mañanas del mundo, y discurre sobre la metamorfois de la voz masculina durante la adolescencia, de “la muda”. El segundo pasa de la Francia barroca a la Grecia de Aristóteles, donde el filósofo se pregunta sobre el misterio de la voz. El tercero transcurre en China, y es un maravillosos relato sobre la sensibilidad de los músicos con un curioso final que enlaza al protagonista con el maestro Stradivari.

El texto es magnífico, de esos que uno quisiera leer en versión original, a pesar de que la editorial Funambulista retoma la excelente traducción que Ascensión Cuesta (premio Stendhal de traducción 2006) hizo en 1988 para la edición de Versal. Pero…

Pero quienquiera que lo haya editado lo ha destrozado, tipográficamente hablando. Hay puntos desaparecidos, en los que el cambio de frase se adivina por la repentina aparición de una mayúscula; finales y principios de línea en los que llega a haber hasta tres repeticiones de palabras, palabras enteras; los simbolillos que separan los párrafos cambian de forma arbitraria… Una lástima.

Es un libro de reducidas dimensiones, de escasas 120 páginas, de enormes blancos entre párrafos. Es un libro fácil de editar, a pesar de que la tendencia del autor a reforzar la imágenes mediante repeticiones dificulta la labor del maquetador.

Una lástima.

Leer tiene premio

Sábado 08 de Diciembre de 2007

Leer tiene premio

«Acércate, no tengas miedo, leer tiene premio».

Con este mensaje se invita al navegante a detenerse en esta página de fomento (¿?) de la lectura ?www.leertienepremio.com/?, auspiciada por Cedro, la Federación de Gremios de Editores de España, SOL (Servicio de Orientación a la lectura) y Plan de Fomento de la lectura.

No entiendo nada, pero la curiosidad me puede. Pico y entro en el juego, porque la cosa va de jugar, al modo gincana.

El primer juego me da opción a ganar una alfombra para el ratón. Son cinco preguntillas sobre autores y libros de nivel de bachillerato. Prueba superada. Relleno un formulario y entro en el sorteo.

La pantalla queda en blanco. Supongo que hay más juegos, porque me han prometido que si llego al final entro en el sorteo de un viaje a Londres. Suerte que recuerdo la url de la web y puedo volver a empezar.

Repito el proceso y entro en la segunda prueba. Con ésta puedo ganar una cámara fotográfica. Sorpresa, no más preguntas, hay que encontrar el logo de Cedro dentro de unas fotos horribles de ¿pescadores? ¿piratas? A saber. A lo mejor se trata de imágenes literarias y no me enterado. También supero la prueba. He de volver a rellenar otra vez el formulario para poder optar al sorteo. ¿Es que esta gente no oyó hablar de las cookies?

Vuelve aparecer la pantalla en blanco. De nuevo accedo al concurso a través de la url. La verdad es que fácil no lo ponen. Como anteriormente, repito todo el proceso para llegar a la tercera prueba. Esta vez me prometen un ordenador portátil. Supongo que me harán preguntas de nivel, que querrán premiar que soy rata de biblioteca.

Pues no, se trata de completar el juego de los errores ¡en tres pantallas! Y cuando me equivoco en la tercera pantalla, me mandan de nuevo a la primera. Así cuatro veces. Desesperante.

Como ya tengo ordenador, paso de la prueba y me voy directamente a la cuarta. Ahora ya estoy segura de que no me van a premiar por leer, sino por las habilidades que adquirí jugando a los marcianitos. Dos acentos desaparecidos en la explicaciones me hacen sospechar que quizá se trata de una broma pesada de los de Cedro y me dejan claro que la ortografía no tiene premio. Pero Londres bien vale cinco minutos.

Leer tiene premio_2

Soy un naufrago, y he de machacar a remazos a siete tiburones. Los golpeo sin problemas en menos de un minuto. Luego llego a una isla desierta, reparo un satélite estrellado (un puzzle de cuatro piezas nivel preescolar), le doy a botón rojo y aparece un helicóptero. Agarrar la cuerda que me tiende me cuesta un poco más, pero al final lo logro.

Fin del juego. Si quiero entrar en el sorteo tendré que volver a registrarme (¡esas cookies!).

Conclusión: me escuecen los ojos, no creo haber ganado ningún premio y se me han quitado las ganas de leer.

El futuro de la lectura (obra en seis actos)

Lunes 03 de Diciembre de 2007

El futuro de la lectura

Traducido del blog de Mark, les dejamos este original texto en seis actos.

Primer acto: El acto de comprar

Cuando alguien compra un libro, también está comprando el derecho de revender, prestar o incluso regalar ese libro, si así lo desea. Todos entienden eso.

Jeff Bezos, Carta abierta a Author´s Guild, 2000

No podrás vender, alquilar, arrendar, distribuir, difundir, sublicenciar o asignar cualquier derecho al Contenido Digital, o cualquier porción de éste a un tercero. Tampoco podrás anular ninguna información de propiedad o marca del Contenido Digital. Además, no deberás incentivar, apoyar o autorizar a otra persona a eludir, modificar, boicotear o evitar las características de seguridad del Contenido Digital.

Amazon, Condiciones de uso y servicio del lector Kindle, 2007.

Segundo acto: El acto de dar

(…) Si él le prestaba su ordenador, ella podría leer sus libros. Dejando de lado el hecho de que uno podía ser condenado a varios años de prisión por dejar que otra persona lea tus libros, la sola idea le resultó chocante desde un principio. Como todo el mundo, él había aprendido desde la escuela primaria que compartir los libros era una costumbre mala y desagradable.

Richard Stallman, El derecho a leer

(…) Puedes darlos como regalos, y debido al restrictivo software antipirata, puedes prestarlos o revenderlos.

Newsweek, El futuro de la lectura

Tercer acto: El acto de prestar

Como debéis haber leído en los diarios, en días pasados la directiva de una pequeña, pero ruidosa organización nos ha criticado por vender libros usados en nuestra web. Esta organización (la cual, dicho sea de paso, es la misma entidad que de cuando en cuando, ha defendido el cobro de derechos de autor a los libros cedidos en préstamo por las librerías públicas) dice que al ofrecer libros usados a nuestros clientes, estamos dañando a la industria del libro y a los autores.

Jeff Bezos, Carta abierta a Author´s Guild

Las librerías, sin embargo, han desarrollado procesos de préstamo para versiones previas de ebooks –como en la cinta “Misión: Imposible”, éstos se evaporan luego del periodo de préstamo—y Bezos dice que está abierto a la idea de eventualmente, hacer lo mismo con el Kindle.

Newsweek, El futuro de la lectura

Cuarto acto: El acto de lectura

Era terriblemente peligroso dejar que tus pensamientos se dispersaran cuando estabas en un sitio público, o en el radio de una pantalla televisada. La cosa más pequeña podía delatarte. Un tic nervioso, una inconsciente mirada de ansiedad, el hábito de murmurarte a ti mismo –cualquier cosa que trajese consigo la sospecha de anormalidad, de tener algo que esconder. En cualquier caso, llevar una expresión inapropiada en el rostro…era en sí una ofensa digna de castigo. Había incluso un nombre para ella en el Informativo: crimen de rostro.

George Orwell, “1984?, primer libro, capítulo 5

El software del dispositivo dará a Amazon la información de tu Dispositivo y su interacción con el Servicio (datos como la memoria disponible, el tiempo de funcionamiento, el registro de los procesos y la fuerza de la señal), e información relativa al contenido de tu Dispositivo y tu uso de éste (datos como la señalización automática de la última página leída y los contenidos borrados del Dispositivo). Las anotaciones, marcadores, notas, subrayados o señalizaciones similares de tu Dispositivo, serán copiadas por el Servicio.

Amazon, Condiciones de uso y servicio del lector Kindle

Quinto acto: El acto de recordar

Otro posible cambio: con libros conectados, el vínculo entre el autor y sus libros sigue activo después de la compra. Las erratas podrán ser corregidas al instante. Actualizaciones, no hay problema.

Newsweek, El futuro de la lectura

Día tras día y casi minuto tras minuto, el pasado era actualizado. De esa forma, cualquier predicción hecha por El Partido podía ser mostrada con evidencia documental de haber sido la correcta; el registro de algún tema noticioso, o alguna opinión que entrara en conflicto con las necesidades del momento jamás era permitido. Toda la historia era palimpsesto, limpiada a arañazos y reinscrita tantas veces como fuese necesario.

George Orwell, “1984?, primer libro, capítulo 3

Sexto acto: El acto del aprendizaje

Si ellos pudieran lograr de alguna forma un acuerdo con los editores de libros de texto, puedo ver a muchos estudiantes universitarios cambiándose a esto. Desháganse de todos sus libros de texto y tengan este único dispositivo electrónico.

Ankit Gupta

La política escolar ha sido la de que cualquier interferencia con sus medios de monitorear el uso que los estudiantes hacen de los ordenadores, se resuelve en el terreno de la acción disciplinaria. No importaba si tú no hacías nada dañino –la ofensa radicaba en hacer difícil que los administradores te vigilasen. Ellos asumieron que esa actitud significaba que hacías algo prohibido y no necesitaban saber de qué se trataba. Los estudiantes usualmente no eran expulsados por esto –no directamente. En lugar de ello, se les excluyó del sistema informático de la escuela, e inevitablemente suspendieron todas sus materias.

Richard Stallman, El derecho a leer

Tus derechos bajo este Acuerdo finalizarán automáticamente sin necesidad de una notificación por parte de Amazon, si fallas en el cumplimiento de cualquiera de los términos de este Acuerdo. En caso de dicho término, deberás cesar todo uso del Software, y Amazon podrá revocar inmediatamente tu acceso al Servicio o al Contenido Digital sin notificártelo, y sin reembolso alguno.

Amazon, Condiciones de uso y servicio del lector Kindle

¿La cibernovela vs. el lector?

Domingo 25 de Noviembre de 2007

tristano_balestrini.jpg

Muy al hilo de las reflexiones de Francisco Umbral sobre la lectura y los lectores, que ayer recogíamos, aparece hoy en La Vanguardia este artículo de Anton M. Espadaler. Critica el papel al que el escritor italiano Nanni Balestrini relega al lector en la ciber edición que ha hecho de una novela suya, Tristano. Balestrini le ha aplicado un programa informático que hace de cada nuevo volumen publicado una versión diferente de la novela.

«Cuando parecía que las vanguardias ya estaban todas domesticadas, va el irredento provocador Nanni Balestrini y sorprende al universo itálico publicando una nueva versión de una antigua novela suya, Tristano. Lo de nueva versión es erróneo. En realidad hay tantas versiones como volúmenes tiene la edición, puesto que de eso de trata: de una obra elaborada gracias a la aplicación de un modernísimo programa informático –en el año 1966 la informática le dejó a medio camino–, que le ha permitido publicar dos mil volúmenes y todos ellos distintos entre sí, que ahí está la gracia. De manera que bajo el mismo título sus lectores tendrán dos mil experiencias distintas de lectura. Aunque puede que haya un lector tan entregado que necesite comprar diversos volúmenes para saber cuál es la mejor de las versiones que le tocó en suerte, visto que lo que determina la lectura es tanto la elección (del autor) como el azar (en la elección del concreto volumen). El invento viene prologado por Umberto Eco, que vuelve así a las posturas vanguardistas de sus años mozos, y anuncia cosas tan graves como que se acabó el fetiche de la edición numerada, y que con experimentos como el de Balestrini se pone en crisis el sagrado concepto de autor, o sea el de artista celoso guardián de su obra, y vigilante atento a los tropiezos y deturpaciones que pudiera sufrir en su transmisión o reproducción. Y coloca a Balestrini bajo el manto protector del arte combinatoria y alega a mayor abundamiento la autoridad de Ramón Llull, lo que no deja de darle un aire sabiondo y heterodoxo. Yo, qué quieren que les diga, me parece que no hay para tanto, y que la propuesta, por más padrinos que tenga, no pasará de ser una mera curiosidad. Al fin y al cabo, el invento –pijadas cibernéticas aparte– es muy conocido por la filología más rancia, pues no hace otra cosa que afirmar de una manera mecánica el elogio de la variante frente a la fijación de un texto único, fruto del trabajo consciente de uno que no quiere tener tantos rostros como ejemplares, y se conforma con el nombre de autor.

El problema serio a mí se me plantea como lector, porque una de las grandes bondades de la lectura consiste en poder hablar después con otros lectores de lo leído. Pero con el método de Balestrini –que deja Rayuela como un juego infantil–, uno se ve condenado a perorar en voz baja y en soledad. El lector tiene también su público, pero si éste no comparte la totalidad de la obra –de la misma obra, claro está–, se encuentra irremisiblemente perdido y condenado al aburrimiento, porque el objeto en común no es el mismo, y la aventura que ofrece el sinfín de variantes, la verdad, no da para que se imponga el eterno intercambio de versiones. Como si no tuviésemos otra cosa que hacer que leer lo que dicta el ordenador de Balestrini.»

Anton M. Espadaler. La Vanguardia, 24 de noviembre de 2007