El blog de los profesionales del mundo editorial

Publicados en Noviembre de 2007

La ortografía no muerde

Lunes 05 de Noviembre de 2007

Con este título se inauguraba un curioso blog, Ortomanía, que dejó de publicarse en mayo de 2006. Una lástima.

“El «fascismo del lenguaje» nos obliga a ordenar linealmente nuestro pensamiento al enunciarlo. Lo que dentro de nuestra cabeza es una red llena de enlaces, se convierte en una sucesión de sonidos, gestos y silencios llenos de implicaturas. Ahora bien, si esta sucesión tiene interferencias, no somos capaces de interpretar el mensaje.
En el lenguaje escrito —aunque tiene características muy diferentes—, sucede lo mismo: si no somos capaces de representar con propiedad todos los sonidos, gestos y silencios, no seremos capaces de comunicarnos con efectividad.
Pero en realidad esto no es lo más importante. La ortografía es una cuestión de lógica, de sensatez, que refleja la claridad mental del que escribe.
Hoy, cuando el lenguaje escrito vive un renacimiento debido a las nuevas tecnologías, debemos conocer las herramientas que nos permiten llegar con exactitud a todos los que nos leen.”

El autor (???) sólo escribió nueve post relativos íntegramente a los signos ortográficos, como el dedica do a LA RAYA:

“La raya (—) comparte con el punto y coma (;) el dudoso honor de ser uno de los signos ortográficos más olvidados. Casi no aparecen en la escritura digital cotidiana. Esto se explica, a mi modo de ver, porque: (a) no aparece en el «primer nivel» del teclado, (b) se le confunde con el guión (-) que sí aparece y (c) porque no queda clara su función frente a otros signos.
Respecto al primer inconveniente, ya vimos que basta con escribir el número 1051 mientras mantenemos pulsada la tecla «alt». Las funciones más importantes de la raya son introducir las participaciones en un diálogo y «acotar oraciones incidentales» (Sousa, 2003). Ahora bien, en este último uso ¿qué criterio usamos para distinguirlo del paréntesis y las comas? En general podemos decir que la raya ocupa un lugar intermedio de acotación entre el menos fuerte, las comas, y el más abrupto, el paréntesis. Es decir, graficamente podíamos establecer la jerarquía de las acotaciones así: ,—()—, primero las comas, para las interrupciones menos marcadas; después la raya y, por último, el paréntesis para las más fuertes.
La condición previa —aceptar la tregua— no fue aceptada. Comparemos con La condición previa, aceptar la tregua, no fue aceptada o La condición previa (aceptar la tregua) no fue aceptada.
En cualquier caso, conviene no confundir la raya (—) con el guión (-) cuya función más conocida es la de separar las sílabas de una palabra al final de una línea en un párrafo.”

Una buena idea que sería interesante retomar, quizá desde aquí.

Una editorial de confianza (o El buen uso de las cursivas)

Domingo 04 de Noviembre de 2007

ovejas-glennkill.jpg

«—Ayer estaba sano —dijo Maude. Sus orejas se movían nerviosamente.
»—Eso no significa nada —repuso Sir Ritchfield, el carnero más viejo del rebaño—, ya que no ha muerto de enfermedad. Las palas no son ninguna enfermedad.»

Así, con una evidente falta tipográfica, comienza Las ovejas de Glennkill, la novela de Leonie Swann. Y es que tradicionalmente los nombres de los animales se escriben en cursiva. Encontramos constancia de ello en el Libro de Estilo de El País y en la web de Fundéu (Fundación Español Urgente), por dar un par de referencias.

Salamandra es una magnífica editorial, no sólo por los títulos que componen sus colecciones, sino por el cuidado que ponen en la edición de los libros. Una rara avis en el panorama español, donde cada vez hay más fabricantes de libros y menos editores. Por ello imaginamos que la falta no es tal cosa, sino una fórmula para evitar que las cursivas tomen las páginas como un rebaño un prado, ya que las protagonistas de la novela son las ovejas, tantas que empieza un Dramatis «Oves», al modo de las novelas de Agatha Christie, a quien se rinde un pequeño homenaje en el personaje de Miss Maple («la [oveja] más lista del rebaño, tal vez la más lista de Glennkill y posiblemente incluso la más lista del mundo. Curiosa y terca, a veces se siente responsable»).

Sin embargo, no es intención de este post hablar sobre esta ingeniosa novela, sino sobre el buen hacer de ciertas firmas editoriales, que libro a libro fundamentan la confianza del lector hasta el punto de lograr que éste dé por supuesto que los defectos no son tales, sino pequeñas tretas para facilitar la lectura.

Por cierto, magnífica traducción del alemán la realizada por María José Díez y Diego Friera, y, como cabía esperar de la editorial Salamandra, una intachable edición.