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Publicados el día 23 de Noviembre de 2007

Francisco Umbral: Escribir es esto

Viernes 23 de Noviembre de 2007

Mortal y rosa Francisco Umbral

Leyendo Mortal y rosa, la mejor obra (dicen) de Francisco Umbral, escrita tras la muerte de su hijo, llego a estas líneas sobre el escritor y la escritura, y no puedo resistir la tentación de copiarlas aquí.

«Y escribo, cada mañana, me siento a la máquina, dejo que fluidos oscuros, luminosidades de la noche asciendan a mí, y todo el torrente del idioma pasa a través de algo, de alguien, porque escribir es una cosa pasiva, receptiva, contra lo que se cree, así como leer es algo activo, creativo, voluntarista.

Sólo una cuestión de trance. Dicen los modernos lingüistas que no hablamos una lengua, sino que la lengua habla a través de nosotros. Es el río del idioma lo que se pone en movimiento cuando me siento a la máquina. El mundo se expresa a través de mí. Sólo somos dueños de aquellas sensaciones que no tratamos de racionalizar. Que el curso de las cosas me lleve, que la lengua universal hable por mí. Puedo tratar de dominarla, de ordenarla, de modificarla Y entonces habré construido algo, habré trabajado, habré disecado el mundo y la palabra. Hay que hacerse transparente ?la transparencia, Dios, la transparencia, pedía el poeta? para que el mundo pase a través de uno configurando como discurso. Los surrealistas, intentando la escritura automática, no hicieron sino exasperar la única escritura posible. La inspiración. Pues claro que existe inspiración. Sólo que no es algo externo, ese rayo de luz que baja del cielo en los cuadros místicos, esa ninfa de luna que revolotea en torno de los poetas profanos. La inspiración es la comunicatividad, la transparencia, el acertar a desaparecer entre la escritura y el mundo. Hay días en que se levanta uno transparente, y entonces conviene aprovecharlos para escribir.

Si no hay transparencia no hay escritura. Puede haber un trabajo de amanuense, pero nada más. El hombre, el escritor, tiene que elegirse transparente o pendolista. Casi todos optan por el pendolista, porque tienen voluntad de poder y porque les parece más lucido. Escribir es una prestidigitación en cuanto que consiste en desaparecerse, como los ilusionistas del cabaret. Hay días en que el ilusionista no está en forma, se encuentra opaco, se queda en el sitio. El escritor tiene que dejar pasar la luz del mundo sobre la cuartilla, el sol sobre la escritura. Casi todos los escritores estorban a su obra, están delante de ella, echan su sombra de sombrones encima de la prosa.

La prosa es prosa porque tiene sombra, la sombra del tío que está encima. Si no tiene sombras es poesía. El que luego le reconozcan a uno por lo que escribe es otra cosa, entra ya en la mera profesionalidad, en la anécdota cultural. ¿Y el estilo? El estilo es la modulación que toma el lenguaje al pasar por nosotros, como la curva que adopta el agua en una jarra. Sobre todo, no echar sombra. Si no se encuentra usted transparente, no escriba. Váyase a la compra y hágale los recados a su esposa. El mundo se hace lenguaje en ti, en mí. Peor que echar borrones es echar sombras. El mundo se describe a si mismo, como vemos funcionar a los teletipos. No hay más que pasar de vez en cuando y arrancar la hoja.

Escribo por el placer de desaparecer. Es mi forma de transparencia. Todos hemos querido ser invisibles alguna vez. El éxtasis, la levitación. El mundo y la escritura se intercambian reflejos, luces, y yo estoy en medio, entre dos fuegos, desaparecido, sin peso. Un adelgazamiento súbito. Qué insoportables, luego, mis setenta u ochenta kilos.

Mortal y rosa, Francisco Umbral. Madrid, 1975. Prólogo de José Manuel Caballero Bonald. Booket (Planeta). Pags. 85-87